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El hombre que no salió a la mar.

Writer: Manuel CerónManuel Cerón
Isla Arena, Campeche. 2025.
Isla Arena, Campeche. 2025.

Durante una asignación al estado de Campeche donde la consigna era realizar el levantamiento fotográfico de todo el estado llegué a Isla Arena. Una pequeña isla que había sido inundada por el huracán una semanas atrás y que apenas recobraba el lento ritmo en su cotidianidad. Dentro de los objetivos del viaje, tenía un subtítulo a cubrir de parte de la editorial que me dió la asignación: "Campeche y la vida en el mar".

Días antes del viaje pienso las imágenes, apenas sé el tema y me comienzan a sobrevolar las ideas como mosquitos en la noche hasta que hago el recorrido y llego al lugar, siempre es lo mismo: la realidad me supera. La mayoría de los casos para bien, pero en la totalidad de los casos son experiencias totalmente diferentes a las que esperaba, eso es lo rico de los viajes, que no se encuentra con otro y con ello con uno mismo.

El cielo seguía nublado, la lluvia ligera era intermitente era como un amanecer perpetuo que ya había durado un par de días. Así, gris, el mar parece que también duerme, que es flojo, que le cuesta trabajo despertar. En el último día de la estancia en la isla no podía esperar más a que el clima mejorara y salí como las mañanas anteriores a buscar imágenes que me hablaran de la vida en el mar, así caminé por la playa, eran más o menos las seis y media de la mañana. El mar seguía somnoliento baja el cielo gris pero a lo lejos se escuchaban algunas risas, podía escuchar ese sonido que producen los remos al caer dentro de las lanchas vacías y en efecto, a los pocos metros estaba un grupo de marineros preparando sus pangas dispuestos a salir al mar después de varios días en los que el clima les había impedido salir.

Me acerqué, los saludé abiertamente y les comentaba mi tarea, les pedí permiso para acompañarlos y tomar algunas fotos mientras ellos preparaban sus botes y hasta me ofrecieron un café soluble que me supo a gloria. Entre risas, albures cada quién acomodaba sus redes, los bidones de gasolina y botellas de agua dentro de las pangas. Al inicio parecía desorganizado pero cada minuto parecía acelerarse y sin darme cuenta ya casi todos estaban sobre sus lanchas dispuestos a zarpar.



Recuerdo que hubo una lancha que estaba atascada, vi cómo el dueño hacía hasta lo imposible por sacarla y otro al ver la acción se integró al esfuerzo sin éxito alguno, la lancha parecía inmóvil, todos bajaron de las pangas y entre seis o siete pescadores pudieron meterla al mar después de batallar con ella un rato. Todos se fueron, se hicieron pequeños en el horizonte hasta que ni con la cámara los podía ver, menos uno.

Hubo un hombre que no salió al mar, por momentos esperaba a que se subiera a alguna lancha para que yo pudiera tomar algunas fotos de ese momento, pero nada. Le pregunté por qué no lo había hecho y sencillamente me contestó que su tarea no era esa, él era el encargado de que todos salieran y de que todos llegaran, de pesar el pescado y llevar el orden dentro de su cooperativa. "Los días de lluvia fueron duros, no pudimos salir, hay que recoger la basura, limpiar las bodegas, el mar estuvo acá adentro también".

Aquel hombre siguió con su labor, yo con la mía. apenas era la segunda semana de viaje por el estado y el clima poco a poco mejoraba, faltaba una semana más de viaje para concluir. Las imágenes no eran como había pensado, las imágenes solo aparecían, me encontraban como siempre. Me alejé en busca de la vida en el mar, apenas di la espalda y comencé a caminar cuando un silbido empezaba a escucharse. En ese momento estaba seguro que el clima ese día iba a mejorar.



 
 
 

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